Procesos y criterio
Cómo dejar de ser el cuello de botella de tu empresa
Eres el cuello de botella cuando cada decisión vuelve a pasar por ti. No se sale delegando más: se sale escribiendo el criterio una vez, donde se trabaja.
Daniel Marcovich ·
Blog / Recurso gratis / 9 casillas
Una página que llenas una vez y pegas en tu proyecto de Claude o al empezar cualquier conversación con inteligencia artificial, para que responda sabiendo a quién le vendes, cómo hablas y qué no haces nunca.
Cada conversación nueva arranca sin saber nada de tu negocio. Se lo explicas al vuelo, y cada vez un poco distinto: hoy le dices a quién le vendes, mañana se te olvida, pasado alguien de tu equipo abre otra ventana y le cuenta su propia versión. Por eso el resultado cambia según el día y según quién preguntó.
No fue falta de método. Fue que ese contexto nunca salió de tu cabeza, y de ahí no lo puede abrir nadie más. Esta página lo saca y lo deja escrito una vez.
Llénalo de corrido, sin pulir. Lo que escribas se guarda solo en este navegador y no viaja a ningún lado. Cuando termines, el botón de arriba te lo copia listo para pegar.
Una frase, sin adjetivos. El nombre de la categoría no basta: lo que cambia la respuesta es el tamaño, el sector y el momento de quien te compra.
No tu categoría: su queja. Escribe la frase tal como se la has escuchado en una llamada. Es lo que hace que un texto suene a alguien y no a plantilla.
Las alternativas reales que evalúa, incluida no hacer nada. Sin esto, cualquier argumento que te escriba va a pelear contra un rival imaginario.
Tres rasgos, y al lado de cada uno una frase tuya de verdad. El ejemplo enseña más que el adjetivo: «cercano» no significa nada por sí solo.
Palabras, promesas y tonos vetados. Es la casilla que más correcciones te ahorra, porque prohibir es más rápido de obedecer que describir.
Tu vocabulario propio, escrito exactamente como se escribe: productos, etapas, roles, el nombre de tus clientes. Sin esto vas a corregir el mismo nombre cincuenta veces.
Las condiciones que cumple algo tuyo antes de salir. Es la casilla que convierte una respuesta en un entregable: sin ella, quien pida algo no sabe cuándo parar.
Los límites del negocio, no los del texto: clientes que no tomas, cosas que no prometes, atajos que no das. Aquí es donde una respuesta deja de ser genérica y empieza a ser tuya.
Lo que vendes esta temporada, qué está en pausa y qué precio rige. Es la única casilla que caduca: revísala el primer lunes de cada mes y cámbiala en un minuto.
Abre dos conversaciones nuevas. En la primera, pide algo que pidas seguido: un correo a un cliente que no contestó, la descripción de tu servicio, el guion de un video. En la segunda, pega tu contexto completo y pide exactamente lo mismo, con las mismas palabras.
Léelas una al lado de la otra. Lo que cambia no es el estilo: es cuánto tienes que corregir antes de poder usarlo. Esa diferencia es la que estabas pagando cada vez que empezabas de cero.
El contexto no es tuyo, es del negocio. Guárdalo donde tu equipo lo abra sin pedirte permiso, y que cada quien lo pegue al empezar. Dos personas distintas, el mismo día, pidiendo lo mismo: sale lo mismo.
Es también la prueba más honesta de si tu criterio estaba escrito o solo vivía en tu cabeza. Si alguien lo lee y aun así te pregunta, a tu contexto le falta una casilla. Agrégala y vuelve a probar.
Tu contexto resuelve que no tengas que volver a explicar tu negocio, y eso lo resuelve bien. Va a quedarse corto, y cuando pase va a ser por una de estas tres:
Cuando llegues ahí, ya no es un documento lo que falta: es el sistema que los sostiene. Te contamos cómo se ve eso montado sobre un negocio real. Contesta una persona, no un robot, así que puede tardar un rato. Escríbenos la palabra CONTEXTO por WhatsApp.